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¿Qué significa jicotillo en la ronda infantil "Doña Blanca"?

En la ronda infantil “Doña Blanca”, la voz jicotillo (derivado de jicote del náhuatl xicohtli ‘abejorro’) hace alusión a un hombre que asedia a las mujeres. El Diccionario de mexicanismos. Propios y compartidos de la Academia Mexicana de la Lengua (México: Espasa, 2022) consigna para esta palabra las acepciones: i) ‘cualquier insecto que se considera molesto’ y ii) ‘hombre que corteja a las mujeres de manera insistente y desagradable’.

“Doña Blanca” es una ronda infantil de herencia española, aunque no se sabe la fecha ni exactamente cómo llegó a México, tal y como lo advierte Vicente Mendoza en El romance español y el corrido mexicano: estudio comparativo (México: UNAM, 1929/1997):

Igualmente aparecieron los romances, familiares a casi todos los niños del país: Doña BlancaDon GatoLa huerfanitaMaría la pastora, el de El caballero que busca esposa para el rey, y todos ellos de un marcado sabor castizo y, muchos, con la verdadera forma de romance, los cuales, entremezclados con múltiples canciones españolas, se hallan en nuestra tradición, sin que podamos determinar la fecha de arribo a México ni la forma en que fueron introducidos.

Sobre su origen, el mismo Mendoza en otro de sus libros, Lírica infantil en México (México: FCE, SEP, 1951/1984), señala que en España este juego era llamado “Doña Sancha”:

Los textos, admirablemente adheridos a los cantos, mantienen la persistencia que adquirieran en la península española desde su origen, y así encontramos la ascendencia directa de muchos de ellos en Asturias, Castilla, Andalucía o el Levante español. Algunos se mantienen íntegros y sin modificación; otros han sufrido la absorción de nuestro ambiente, adquiriendo rasgos característicos mexicanos. Dos juegos: “María la pastora” y “Matarilerileró”, provienen de la tradición francesa y nos llegaron por mediación de España. Otros temas declaran por sí mismos su antigüedad, como el de “Doña Blanca”, que deriva de aquel otro español llamado “Doña Sancha”.

En efecto, las primeras documentaciones de las coplas españolas de “Doña Sancha” se registran desde el año 1620, en el libro Días geniales ó lúdicos, de Juan Caro (Sevilla: El Mercantil Sevillano, 1620/1884):

Un juego hay acá que parece á ese, porque se pone una muchacha enmedio de muchas, y dice: «Aquí está D.a Sancha cubierta de oro y plata». Y ella responde: «¿Quién es este hombre que me anda persiguiendo de noche y de día?»”.

La siguiente versión que se documenta, en orden cronológico, es María Blanca, en el año 1899, en la revista Folk-lore (tomo 43):

Maria Blanca: The players form a connected ring: one standing within is Maria Blanca: one outside is Felipon. The players and the one outside carry on a conversation:

Ron, ron, ron.

Quien anda rodeando mi casa?

Who is going around my house?

Felipito Felipon

Quién es ese viejo tripon?

Who is this old fatty?

Ando á buscar de Maria Blanca.

I am hunting for Maria Blanca.

Maria Blanca está cubierta

con pilares de oro y plata,

Maria Blanca is protected

By pillars of gold and of silver,

Romperemos un pilar

Para ver á Maria Blanca.

Como se observa en los primeros registros no hay mención de jicotillo. Es a inicios del siglo XX que finalmente documentamos un fragmento de la versión “Doña Blanca”, en 1911 en la novela de Heriberto Frías, El triunfo de Sancho Panza (Mazatlán)A las veces escuchábase infantil coro: “Doña Blanca está encerrada/ Con pilares de oro y plata/ Romperemos un pilar/ Para ver á Doña Blanca”. Sin embargo, no aparecen los siguientes versos.

La primera noticia que tenemos de jicotillo en esta ronda es en 1925, en el texto “Romances tradicionales en Méjico” de Pedro Henríquez Ureña y Bertram D. Wolfe:

DOÑA BLANCA.

Juego infantil con versos de romance. Se forma una rueda de niños alrededor de una niña que hace papel de Doña Blanca, y cantan:

Doña Blanca está cubierta

con pilares de oro y plata.

Romperemos un pilar

para ver a Doña Blanca.

Fuera de la rueda queda un niño, que hace de jicote o moscardón, y trata de romper el corro:

—¿Quién es ese jicotillo

que anda en pos de Doña Blanca?

—Yo soy ese, yo soy ese que anda en pos de Doña Blanca.

En las calles de la ciudad de Méjico es fácil encontrar grupos de niños entregados a este juego. No conocemos antecedentes de él, pero tiene trazas de tradicional, y el nombre “Doña Blanca” hace pensar en el origen español (Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal: miscelánea de estudios lingüísticos, literarios e históricos, Tomo 2, Madrid: Librería y Casa Editorial Hernando, 1925).

Un poco más tarde, Gabriel Saldivar registra “Doña Blanca” con la variante jicotillo en su Historia de la música en México (México: SEP, 1934), y plantea la hipótesis del intercambio de quijotillo por jicotillo por facilidad de pronunciación:

De los [cantos] criollos típicos y de una procedencia inmemorial, es el de “Doña Blanca”, que se juega también en rondas, niños y niñas cogidos de las manos, una niña al centro y un niño afuera […]:

Doña Blanca está cubierta

con pilares de oro y plata.

Romperemos un pilar

para ver a Doña Blanca.

Canto que debiera corresponder al niño de afuera, pero que corean todos, seguido de un duo:

                                    —¿Quién es ese jicotillo

que anda en pos de Doña Blanca?

—Yo soy ese, yo soy ese,

 que anda en pos de Doña Blanca.

Intencionalmente hemos dejado la palabra jicotillo como equivalente de quijotillo, porque en varios Estados de la República la hemos oído de ese modo, y habiendo interrogado a algunos niños se nos llegó a decir que era más fácil pronunciarlo así, a sabiendas de que lo decían mal.

Otra variante de la ronda documentada en 1940 utiliza la palabra trovador: “Doña Blanca está cubierta, con pilares de oro y plata, romperemos un pilar, para que salga Doña Blanca”. Luego Doña Blanca, dirá: “¿Quién es ese trovador, que anda en pos de Doña Blanca?” (Raúl V. Blanco, Re-creación, Montevideo, 1940). Por esos mismos años, Otto Mayer-Serra, en su libro Música y músicos de Latinoamérica (México: Atlante, 1947), registra la alternancia jicotillo y quijotilloDoña Blanca está cubierta de pilares de oro y plata; romperemos un pilar para ver a Doña Blanca. ¿Quién es ese jicotillo (o quijotillo) que anda en pos de Doña Blanca? A partir de segunda mitad del siglo XX existen numerosos registros de distintas versiones de doña Blanca, la mayoría de ellas con la voz jicotillo.

Diversos autores han reproducido es idea de metátesis de quijotillo (diminutivo de Quijote) por jicotillo planteada por Gabriel Saldivar en 1934, e incluso han sugerido que se trata de una alusión al personaje cervantino don Quijote de la Mancha. No obstante, en nuestra opinión, no existen elementos que sustenten esta propuesta. Por un lado, Quijotillo es una voz de escaso uso, incluso en España; los pocos casos registrados se emplea para referirse a un ‘joven soñador y aventurado’: Le llamé la atención, salió […] y se dirigió á la insula del pobre Quijotillo, á quien no le dejó rendirle vasallaje [Juan Agustín Lira, Exposición que hace el ciudadano Juan Agustín Lira de su conducta publica desde el año de 1815 hasta fin de septiembre de 1834, Lima, 1834]; Sancho y Teresa tienen tambien otro vástago, al que llaman Sanchico, y que en compañía de Quijotillo va á estudiar á Madrid y á hacerse hombre [Carlos Coello, Cuentos inverosímiles, Madrid-París, 1878]. Por otro lado, como vimos, históricamente la aparición de quijotillo en la ronda infantil es tardía.

Desde nuestro punto de vista, entre las adaptaciones de la ronda infantil que ocurrieron en México se encuentra el uso de jicotillo derivado de jicote del náhuatl xicohtli ‘abejorro’, el cual habría estado motivado por los significados de ‘molesto y persistente’ asociados al vocablo en el siglo XIX y porque la rima se habría adecuado en su terminación a -illo.

Si bien al ser un juego transmitido por tradición oral es difícil contar con numerosas documentaciones, los registros dejan ver que, en efecto, se llegó a jugar con la personificación de un jicotillo. Vicente T. Mendoza, en su ya citado libro Lírica infantil en México (1951/1984), registra tres versiones diferentes de la ronda, una de las cuales precisamente incluye la representación del abejorro:

Doña Blanca (b)

Todos: —Doña Blanca está cubierta

con pilares de oro y plata,

Jicotillo: —Romperemos un pilar

para ver a doña Blanca.

Todos: —¿Quién es ese jicotillo

que anda en pos de doña Blanca?

Jicotillo: —Yo soy ese jicotillo

que anda en pos de doña Blanca.

En el centro de un círculo formado por niños cogidos de la mano está doña Blanca, mientras por fuera de él, anda rondando un niño que imita a un jicote, zumbando con la boca. Al llegar a esta parte del juego se establece el siguiente diálogo entre los del círculo y el jicotillo.

Jicotillo: —¿Dónde está doña Blanca?

Todos: —Se fue a misa.

Jicotillo: —¡Malhaya sea su camisa!

(Se va y regresa)

—¿Dónde está doña Blanca?

—Se fue a la plaza.

—¡Malhaya sea su calabaza!

(Se va, vuelve y pregunta de nuevo.)

—¿Dónde está doña Blanca?

—Se fue al cerro.

—¡Malhaya sea su becerro!

(Se vuelve a ir y regresa.)

—¿Dónde está doña Blanca?

—Ya llegó.

Entonces empieza a forzar las manos de los que forman el círculo y empuja hacia adentro en distintos lugares:

—¿De qué es este pilar?

—De oro.

—¿De qué es este pilar?

—De plata.

Y así sucesivamente como en el juego anterior.

Refuerza la hipótesis del uso de jicote y jicotillo como ‘hombre insistente que pretende a una mujer’ la canción de Cri-Cri “Jicote aguamielero” del año 1963:

La reina de las abejas estaba en el panal, y le dijeron:

“Regia Majestad, alguien le quiere hablar”.

Cortado, entró el jicote, humilde de condición,

 pero ilusionado de pedir, pedirle su corazón.

“Parece, parece que no sabe, no sabe con quién trata, igualado bigotón.

¡Soy la reina, la reina por bonita, y un jicote aguamielero no cuadra con mi amor!”.

De acuerdo con lo expuesto, las versiones de la ronda infantil con el vocablo quijotillo habrían sido una variante de jicotillo; pero ¿cómo la hispanización del nahuatlismo jicote habría pasado de ‘abejorro’ a ‘hombre que asedia’? En nuestra opinión, se relaciona con lo fastidioso del jicote y lo molesto de su picadura, a la cual hace alusión muy tempranamente Fray Bernardino de Sahagún en Historia general de las cosas de la Nueva España (1576-1577): “Hay unos avejones en esta tierra que llaman xicotli. Hazen miel y hazen cuevas en la tierra, donde hazen su miel. Es muy buena miel la que hazen. Pican como avejas y lastiman, y hínchase la picadura”. Esta asociación del jicote como algo molesto se puede entrever también en el dicho pegarse a alguien como jicote, cuyo significado es ‘hostigar a una persona y no dejarla hasta causarle un daño’, de acuerdo con el Diccionario del náhuatl en el español de México de Carlos Montemayor (México: UNAM, 2007). Sobre esta misma sentencia, Francisco J. Santamaría señala que alude a ‘ser duro y tenaz para el trabajo o para cualquiera instancia’ (Diccionario de mejicanismos, México: Porrúa, 1959/1992).

Da fe de este sentido de jicote, al menos en el siglo XIX, el semanario El Jicote de Aguascalientes, del que circularon pocos números en 1871.

Esta relación de importunar repetidamente que posee jicotillo podría estar relacionada también con su utilización para nombrar a los escarabajos en la tradición oral de numerosos pueblos: “[escarabajo] Para los otomíes y nahuas del Estado de México son máyatl, mayate o jicotes” (S. Zaragoza, J. L. Navarrete-Heredia y E. Ramírez García, Temolines. Los coleópteros entre los antiguos mexicanos. México: UNAM, 2016). Así, ya sea a partir de los abejorros (molestos y de picadura dolorosa) o de los escarabajos (cuyo sonido es molesto y su vuelo circular repetitivo en torno a una luz), la utilización de jicote, y su variante jicotillo, habría adquirido los sentidos registrados por el diccionario de mexicanismos mostrados al inicio.

Esta respuesta fue elaborada por la Comisión de Consultas de la Academia Mexicana de la Lengua.

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